domingo, 8 de marzo de 2009

EL DEDO DEL DESTINO


Ficción Histórica


Bajo sus pies la sólida plataforma de madera que conforma el piso, donde daba vueltas y caminaba sin cesar, sus tacones resonaban en la oscuridad de la noche, el ruido de sus pasos se esparcían por toda la eslora del galeón; la luz de la luna con su lumbre dejaba ver el hechizo de las siluetas detallando el contorno de las olas en el inmenso y desconocido mar.

El reloj de arena mudo testigo de ese entorno, lucía hermoso y místico sobre la gruesa mesa torneada que servia de escritorio; Cristóbal Colón lo contemplaba y a veces lo volteaba como queriendo fabricar el tiempo, bajo la lánguida luz de los faroles y atento con la mirada fija, hurgaba en los minúsculos granos de arena que caían el sueño misterioso de otros mundos.

No había sosiego en su corazón, estaba nervioso y no podía dormir, ese día había sido muy duro para él, los marinos a su cargo se le amotinaron, tenían temor a lo desconocido y no querían seguir en la búsqueda, deseaban regresar a España.

Algunos dijeron: “Llegaremos donde el mar termina y al precipicio caeremos”.

El Almirante se sentía muy solo a pesar de estar tan acompañado, no obstante en el interior de la embarcación él tenía una sensación de grandeza, percibía que esos momentos extraños y mágicos se estaban plasmando en la historia del mundo, eso lo calmaba, le daba fuerza y aliento para continuar.

El viento húmedo hinchaba las velas, la brisa salada pasaba rauda, crujían los mástiles y en ese ruido creía oír voces que lo llamaban por su nombre, lo aclamaban y que esos ecos quedarían latentes en la eternidad. Estaba poseído por una fuerza extraña que lo obligaba a seguir, no podía regresar con las manos vacías, su misión era su sueño, estaba por delante el compromiso que había hecho con los reyes de Castilla y Aragón.

Remembrando viene a su mente el día que se presentó a la Corte de Córdoba y vio a quien sería su protectora y la más grande gobernante que haya tenido España; no solo por su condición de reina sino por lo que hizo, uniendo al país con voluntad de hierro, dejando bases sólidas para la nación del futuro, con toda su grandeza esta mujer de cabellos amarillos como el oro, de carácter recio y con una inteligencia superior, recibió y atendió maravillosamente a Cristóbal Colón, hubo una empatía entre los dos, escuchó con atención su fantástico proyecto y aunque en ese entonces no pudo atender su petición por causa de la guerra contra los moros, al correr de seis largos años, Colón recibiría la tan añorada ayuda.

Hubieron personas muy importantes en la Corte a las cuales esa idea les pareció descabellada, pero Isabel la Católica dio el crédito que perciben los iluminados, ver cosas que otros no ven.

Entre la reina y Cristóbal Colón, hubo una simbiosis y cada uno cumplió su misión, gracias a Doña Isabel, la lengua castellana la hablamos millones de personas y los hispanos parlantes tenemos uno de los idiomas más bellos del planeta y con un léxico profundo.

Isabel la Católica y Cristóbal Colón, fueron señalados por el Dedo del Destino y ellos reposan allá en la eternidad, donde se genera y se dictamina el misterioso drama de la humanidad.



Por: Juanbautista López García

El Mago de las Letras. Marzo 06 del 2009..